jueves, 11 de agosto de 2011

El mostruo en la pesadilla


Sergio se despertó sobresaltado, los gritos no venían de lejos.
Se levantó. Tropezando por la precipitación, llegó a la ventana, la que abrió con inquietud... Una vorágine de gente corriendo, coches y contenedores humeantes se le presentó a unos metros de sus aún acuosos ojos.

-¡No puede ser cierto! - Pensó mientras se preguntaba sobre el porqué de aquellos actos vandálicos.


...di a tu pueblo que la economía precisa de recortes sociales, promueve los verdaderos valores, la competitividad, la ley de la jungla, y sobre todo, evita la mezcla de clases sociales, crea guetos: cada cual con los suyos.

Basta con instalar necesidades innecesarias, basta con que las aspiraciones no pasen del comprarse un iPad, o, para aquel avispado, un coche para que tu movilidad sea tenida en cuenta por el SEPE (Servicio Público de Empleo Estatal), la “Pôle emploi” o el organismo competente... Así podrá embarcarse en un crédito para hipotecarse la vida en un McDonalds a diez kilómetros de su casa...
Basta con que no se premie el formarse, con hacer creer que la precariedad que se vive es justa, con colmar a la gente de pequeños problemas personales para que ni se plantee los grandes problemas sociales.
Basta con anestesiar con vicio y jarana, con que los bares se inunden de conversaciones insulsas, desapegadas de la realidad que los circunda, desesperanzadas de corazón frente a su supuesta impotencia.

...Y cuando el pueblo despierte, cuando el monstruo creado sea consciente de su poder, morderá con rabia... 


 
La violencia nunca es una solución.


Habrá entonces que encadenar al monstruo, quitarle lo poco que le quedaba, cortar las líneas telefónicas una a una, eliminar blogs de opinión, foros de discusión... ¡la intimidad se pagará al orden de un comino! ... Todo por miedo al aguijón del engendro... De todas formas, habrá que pararlo.

Y si hace falta,¿por qué no llamar al ejército?



 ¿Por qué le habéis dejado crecer? ¿Por qué le hemos dejado crecer?


...de un brinco, Sergio se despertó de la pesadilla, reluciendo de sudor y con la respiración entrecortada... Todo estaba en calma, mientras una sombra desaparecía sigilosa al fondo del pasillo...
 

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